jueves, 29 de mayo de 2008

Cosas que recuerdo, veo y oigo (II)

Cuando la tecnología estorba
Entre las leyes de la informática recuerdo una que siempre he tenido en cuenta: “Si te funciona, no lo cambies”. Repetidamente me he acordado de ella cada vez que en la EPS SaludCoop reclamo en su dispensario de medicinas el contenido de un recetario: te pones de frente a una cámara fotográfica (webcam, que llaman) colocas tu dedo en un aparatico para que tome tu huella digital y finalmente entregas la fórmula. Hasta aquí todo es fantástico… la tecnología al servicio de la empresa prestadora del servicio y de acorde con el slogan “Seguimos creciendo”.

Igual lo pensé cuando haciendo cola en la Alcaldía Municipal y como requisito para el ingreso –en la administración pasada- en la recepción te sacaban una foto digital para el archivo de visitantes. Era una pequeña demora que justificaba el advenimiento de la tecnología para la seguridad en la administración municipal. Cuando desplegué mi sonrisa frente a la webcam me asaltó la inquietud: ¿Aguantará la base de datos para tanta fotografía y datos de visitantes? Pasados los días comprobé la otra ley: “Si no te funciona, cámbialo”… Con el tiempo –muy breve por supuesto- se acabaron las colas, desapareció el sistema municipal fotográfico de registro y volvimos a la añorada moda vieja hasta el día de hoy. No estoy en contra de la tecnología… simplemente: No funcionó.

En la EPS el asunto no es tan fácil por lo engorroso, burocrático y seguramente COSTOSO; antes, aunque no fueras el paciente destinatario de la medicina, presentabas el carné de cotizante, o beneficiario según fuera el caso, junto con la fórmula, la firmabas y a la casita con la medicina. Hoy día tiene que ser el paciente medicado el que reclame de cuerpo presente, aunque esté tullido o a tiro de desmayo, para que le tomen la foto y la huella digital en el dispensario ¡o de lo contrario no hay medicina! No hay ruego ni razón que valga. ¡Es la dictadura del Sistema! La comodidad del usuario vale huevo, como bien lo decimos los del vulgo.

Solución final, si has cometido la imprudencia de llevar el enfermo a la casa, te dicen: “Vaya a la coordinación en el segundo piso de la clínica, compruebe la incapacidad del paciente para que ordenen el suministro de la medicina”. En resumidas cuentas: Retorna a la casa por el paciente o disponte a caminar cinco cuadras abajo, cinco cuadras arriba para que te levanten el requisito del sistema; si el asunto es de urgencia, paga taxi ida y vuelta.

Una recomendación final o como remate: Antes de coger un taxi para ir por o llevar el enfermo a la EPS o pegarse la caminadita hasta la clínica, pregunta ahí no más en la droguería de la esquina cuánto valen los remedios. ¡A mí me costaron DOS MIL PESOS! Tarde o temprano esa tecnología será suprimida por estorbosa o reemplazada por otra que tenga en cuenta al usuario

Cuando los vendedores estorban
En nuestra querida ciudad intermedia estamos siendo servidos en las calles por unos señores muy bien vestidos con overol y gorras amarillos. Ellos están pendiente de los vehículos parqueados en sitios prohibidos y colaboran para que no sean obstruídas las vías haciendo el tránsito más fluído. En una tarde cualquiera me di a observar a uno de ellos en una cuadra de alto tránsito peatonal y vehicular. Realmente daba gusto verlo en su trabajo con gran diligencia, y hasta le abrió la puerta de un carro a una señora para que lo abordara. Muy caballero él, cosa que poco se ve hoy día.

Mas como no hay dicha total ni perfección asegurada, nuestros hoy alabados hombres de amarillo pasan por alto el recordarle a los vendedores de patillas, mangos, uvas, chontaduros, fresas, aguacates y de cuanto las cosechas en su oportunidad nos da, que no obstruyan ni estorben el paso de los peatones en los extremos de las llamadas cebras en las esquinas. No ha valido policía ni poder humano que haga respetar el derecho al tránsito libre y seguro del peatón especialmente en las esquinas de la calle sexta con carreras cuarta y quinta, por sólo citar algunas.

Cierto día en la cuarta con sexta le dije medio disgustado a un vendedor de fresas que respetara la cebra; su respuesta: “Compre la calle”. Desde entonces veo y callo para no ganarme un recuerdo corto-punzante, soez o contundente como parece que es la moda.

Quizá los hombres de amarillo logren el milagro.
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1 comentarios:

HECTOR MESA dijo...

Definitivamente en el ámbito de la tecnología si es cierto, lo que funciona, es mejor dejarlo quieto.

Otro problema en estas entidades oficiales, es que generalmente contratan mal la tecnologia, porque estos contratos son añados y no escogen la mejor propuesta que de servicio real y concreto para solucionar, sino, que elijen propuestas que ofrecen tajada a quien toma la decisión de comprar un sitema como estos.

Nosotros tenemos una compañia de software, y hemos visto como adjudican contratos de software que despues de un año, ya no sirven, o simplemente, nunca se uso el sistema contratado por disfuncional. da lástima.

Un saludo don jorge.